lunes, 26 de octubre de 2015

El toro negro de Norroway, cuento popular escocés.



En Norroway, hace mucho tiempo, vivía una distinguida dama que tenía tres hijas: La mayor de ellas le dijo a su madre: "Madre, cocíname un bannock, y ásame un Collop, porque me voy lejos a buscar mi fortuna". Su madre lo hizo; y la hija mayor se fue donde una vieja bruja lavandera y le contó su propósito. La vieja le ordenó quedarse ese día, y mirar por la puerta trasera, y ver lo que pudiera ver. El primer día ella no vio nada. El segundo día ella hizo lo mismo y tampoco vio nada. Al tercer día ella volvió a mirar, y vio que se acercaba un carruaje tirado por seis caballos. Corrió adentro y le dijo a la vieja mujer lo que vio. "Bueno", dijo la anciana, "ese es para ti!". Así que la subieron al carruaje y partieron.

Luego la segunda hija le dijo a su madre: "Madre, cocíname un bannock, y ásame un Collop, porque me voy lejos a buscar mi fortuna". Su madre lo hizo; y la segunda hija se fue donde la vieja bruja lavandera, y le sucedió igual que a su hermana mayor. Al tercer día que ella miró por la puerta trasera, vió que se acercaba un carruaje tirado por cuatro caballos. "Bueno", dijo la anciana, "ese es para ti!". Así que la subieron al carruaje y partieron.

Finalmente la tercera hija le dijo a su madre: "Madre, cocíname un bannock, y ásame un Collop, porque me voy lejos a buscar mi fortuna". Su madre lo hizo; y ella se fue donde la vieja bruja lavandera. La vieja le ordenó mirar por la puerta trasera, y ver lo que pudiera ver. Ella lo hizo; y cuando volvió le dijo que no vio nada. El segundo día ella hizo lo mismo y tampoco vio nada. Al tercer día ella volvió a mirar, y cundo volvió le dijo a la vieja bruja que no vio nada, excepto un gran toro negro que venía canturreando por el camino. "Bueno", dijo la anciana, "ese es para ti!".Al escuchar esto ella estuvo a punto de gritar de dolor y terror; pero la levantaron y la sentaron en la espalda del toro, y partieron.

Y viajaron y viajaron, hasta que la muchacha estuvo a punto de desfallecer de hambre. "Come de mi oreja derecha," dijo el toro negro, "y bebe de mi oreja izquierda." Así que ella hizo lo él dijo, y al instante quedó maravillosamente satisfecha.

Y cabalgaron muy duro y muy lejos, hasta que tuvieron a la vista un castillo muy grande y espléndido. "Allí debemos pasar la noche," dijo el toro; "En ese castillo vive mi hermano mayor;" Cuando llegaron, ellos levantaron a la muchacha de la espalda del toro, y la llevaron dentro del castillo, al toro se lo llevaron a un parque a pasar la noche. En la mañana ellos trajeron al toro a casa, y llevaron a la muchacha a un salón muy brillante, y le dieron una manzana muy hermosa., diciéndole que que no la mordiera hasta que ella estuviera en el problema más grande que una persona pudiera tener, y que eso podría salvarla. De nuevo subieron a la muchacha a la espalda del toro, y después que ella cabalgó lejos, y aun más lejos de lo que yo puedo decirles, tuvieron a la vista un castillo aun más espléndido y mucho más lejano que el anterior. El toro le dijo: "Allí debemos pasar la noche, mi segundo hermano vive allí;" y se dirigieron a ese lugar. Ellos bajaron a la muchacha y la llevaron dentro del castillo, y enviaron al toro al campo a pasar la noche. En la mañana llevaron a la muchacha a una habitación finamente decorada, y le dieron la más hermosa pera que ella hubiera visto jamás, le recomendaron que no la mordiera hasta que tuviera el problema más grande que una persona pudiera tener, y que eso podría salvarla. De nuevo subieron a la muchacha en su espalda, y se fueron lejos. Y cabalgaron muy duro y muy lejos, hasta que tuvieron a la vista un castillo más grande y más lejano aun que los anteriores. "Allí debemos pasar la noche, mi tercer hermano vive allí;" y a ese lugar se dirigieron. Ellos bajaron a la muchacha y la llevaron dentro del castillo, y enviaron al toro al campo a pasar la noche. En la mañana llevaron a la muchacha a una habitación, la más bella de todas, y le dieron una ciruela, diciéndole que no la mordiera hasta que tuviera el problema más grande que una persona pudiera tener, y que eso podría salvarla. Entonces trajeron de vuelta al toro, pusieron a la muchacha en su espalda, y partieron.

Y así cabalgaban y cabalgaban, hasta que llegaron a un valle oscuro y tenebroso, donde se detuvieron, y la muchacha bajó. Entonces el toro le dijo: "Aquí debes quedarte hasta que yo vaya y pelee con el diablo. Debes sentarte en esa piedra, y no mover ni manos ni pies hasta que yo vuelva, de lo contrario nunca te volveré a encontrar. Si todo a tu alrededor se vuelve azul, es que vencí al diablo; pero si todo se vuelve rojo, es que el diablo me venció a mi." Ella se sentó en la piedra, y al cabo de un rato todo se volvió azul. Llena de alegría, ella levantó una pierna y la cruzó sobre la otra, por lo contenta que estaba de que su compañero salió victorioso. El toro volvió y la buscó, pero nunca pudo encontrarla.

Ella estuvo sentada mucho tiempo, y allí lloraba, hasta que se cansó. Al final se levantó y se fue, sin saber adonde se dirigía. Estuvo vagando, hasta que llegó a una montaña de hielo, que ella trató de subir con todo su esfuerzo, pero no pudo lograrlo. Entonces intentó rodear la montaña, lamentándose y buscando un camino para cruzar, hasta que al final ella llegó a la casa de un herrero; y el herrero le prometió que si ella le servía durante siete años, él le haría unos zapatos de hierro con los cuales podría subir la montaña helada. Cuando se cumplieron siete años, ella obtuvo sus zapatos de hierro, subió la montaña de hielo, y cuando llegó a la cima, se encontró de vuelta en la habitación de la vieja lavandera. Allí le dijeron que un gallardo caballero había dejado algunas ropas manchadas de sangre para ser lavadas, y aquella que pudiera lavarlas se convertiría en su esposa. La vieja bruja lavandera las lavó hasta el cansancio, y entonces llamó a su hija, y ambas lavaron, lavaron y lavaron, con la esperanza de casarse con el joven caballero; pero nunca pudieron quitar las manchas de sangre. Al final hicieron que la doncella desconocida lavara, y apenas ella había comenzado, las manchas se volvieron limpias y puras, entonces la vieja bruja le hizo creer al caballero que fue su hija quien lavó las ropas. Así que el caballero y la hija mayor se comprometieron en matrimonio, y la doncella forastera sufrió una gran desesperación al saberlo, porque estaba profundamente enamorada de él. Así que ella recordó la manzana que le dieron y la mordió, encontrándola llena de oro y piedras preciosas, las más hermosas que ella hubiera visto. "Todas ellas," le dijo a la hija de la bruja, "Te las daré, con la condición que pospongas tu matrimonio durante un día, y me dejes entrar sola en su habitación durante la noche." La muchacha consintió; pero mientras tanto la vieja bruja preparó un somnífero y se lo dio a beber al caballero para hacerlo dormir sin despertar hasta el amanecer. Durante toda la noche la doncella se lamentó y cantó:

Siete largos años yo serví por tí,
La montaña helada yo subí por tí,
Las malditas ropas yo lavé por tí,
Y tú no despertarás y vendrás a mí?

Al día siguiente, ella no sabía qué hacer para dejar de sufrir. Entonces mordió la pera, y la encontró llena de joyas más preciosas que las que contenía la manzana. Ella ofreció estas joyas a cambio del permiso para estar una segunda noche en la habitación del joven caballero, pero la vieja bruja nuevamente le dio un somnífero para hacerlo dormir hasta el amanecer. Ella estuvo toda la noche suspirando y cantando como la vez anterior:

Siete largos años yo serví por tí,
La montaña helada yo subí por tí,
Las malditas ropas yo lavé por tí;
Y tú no despertarás y vendrás a mí?

El no se despertó y ella casi perdió la esperanza por completo, pero ese mismo día, cuando él estaba de caza, alguien le preguntó qué eran esos ruidos y gemidos que se escucharon toda la noche en su dormitorio. Él dijo: "No he escuchado ningún ruido" Pero ellos le aseguraron que era cierto; y él se decidió a estar despierto toda la noche para intentar escuchar. Siendo la tercera noche, la damisela estaba entre la esperanza y la desesperación, mordió la ciruela, y contenía lejos las más bella joyería de las tres. Ella cambió las joyas como la vez anterior, y la vieja bruja, como antes, puso en la habitación del joven caballero el somnífero para dormir, pero él le dijo que no podía beber esa noche sin endulzarlo. Y cuando ella se fue a buscar un poco de miel para endulzarlo, él tiró la bebida, e hizo creer a la bruja que se la había tomado. Todos se fueron a la cama, y la joven comenzó, como antes, a cantar:

Siete largos años yo serví por tí,
La montaña helada yo subí por tí,
Las malditas ropas yo lavé por tí;
Y tú no despertarás y vendrás a mí?

El la oyó y fue hacia ella. Ella le contó todo lo que le había pasado, y el le contó lo que le había pasado a él. Entonces él hizo que la vieja bruja lavandera y su hija fueran quemadas. Él y ella se casaron y, por lo que yo sé, viven felices hasta el día de hoy.

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