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lunes, 4 de abril de 2016

Metástasis, Dan Simmons


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El día en que Louis Steig recibió una llamada de su hermana diciéndole que su madre había sufrido un ataque y había sido ingresada en un hospital de Denver y que le habían diagnosticado un cáncer se metió en su Camaro, partió para Denver a toda velocidad, pasó sobre una mancha de hielo negro en el Boulder Turnpike, consiguió que su coche diera siete vueltas de campana y acabó en coma con el cráneo fracturado y una severa conmoción cerebral. Estuvo nueve días inconsciente. Cuando despertó le dijeron que una minúscula astilla de hueso había penetrado en el lóbulo frontal izquierdo de su cerebro. Estuvo hospitalizado durante dieciocho días más —ni tan siquiera en el mismo hospital que su madre—, y cuando salió de allí tenía un dolor de cabeza peor del que nunca habría creído posible, la visión algo borrosa, una advertencia de los doctores según la que había una considerable posibilidad de que su cerebro hubiera sufrido algún daño permanente y noticias de su hermana según las que su madre sufría de un cáncer terminal que se encontraba en sus últimas etapas.

Lo peor aún no había empezado.

Pasaron tres días más antes de que Louis pudiera visitar a su madre. Seguía teniendo dolores de cabeza y continuaba viendo las cosas algo borrosas —corno si estuviera contemplando un programa en un aparato de televisión con el canal mal sintonizado—, pero los episodios de dolor insoportable y vómitos incontrolables ya habían quedado atrás. Su hermana Lee se encargó de conducir y Debbie, su prometida, recorrió con él los treinta kilómetros de trayecto que había desde Boulder hasta el Hospital General de Denver.

—Se pasa casi todo el tiempo dormida a causa de las drogas —dijo Lee—. Le dan muchos sedantes. Probablemente no te reconocerá ni aun suponiendo que esté despierta.

—Comprendo —dijo Louis.

—Los médicos dicen que debió notar el bulto y comprender lo que significaba ese dolor desde hace por lo menos un año. Si hubiera… incluso entonces habría perdido un pecho y muy probablemente los dos, pero quizá hubiesen podido... —Lee tragó una honda bocanada de aire —Estuve con ella toda la mañana. No…, no puedo volver ahí dentro, Louis sencillamente no puedo. Espero que lo entiendas.

—Sí —dijo Louis.